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17 de agosto de 2017

PENSAR ANTES DE HABLAR

Uno de los atributos más obvios y significativos de los humanos es la habilidad para comunicarse por medio del habla.

Un corolario interesante es que también podemos comunicar nuestros pensamientos en tiempo real; no necesitamos planear qué vamos a decir antes de decirlo.

Esto tiene tanto ventajas como desventajas. Sería bastante indeseable para nosotros el tener que formular nuestros pensamientos antes de emitir una advertencia inmediata (“corre”), y la comunicación se vería frenada si fuéramos incapaces de responder, de una manera natural, a las personas durante una conversación normal.

Por otro lado, esta habilidad innata es frecuentemente la fuente de consternación cuando lo que decimos al calor del momento es algo que después deseamos no haber dicho, o haberlo dicho de otra manera; esto le sucede a todo el mundo, algunas veces el truco es recordarlo.

Típicamente esto sucede cuando respondemos rápidamente en situaciones estresantes, o durante una discusión, aunque esto puede pasar en cualquier momento.

Reconocer que no siempre decimos lo que quisiéramos comunicar es algo importante – cómo ayudar a mitigar ese problema no es difícil, pero requiere de algunos cambios de conducta.

La meta es estar consciente de cuándo hablar natural y fluidamente y cuándo pensar antes de hablar…y cuándo no hablar del todo.

El pensamiento es una capacidad realmente humana que te ayuda a vivir mejor cuando aprendes a no dejarte llevar al cien por cien por tus impulsos. Es decir, cuando te detienes y te tomas un tiempo para pensar qué es lo que más te conviene o sencillamente, qué es lo que más te apetece hacer.

De forma curiosa, existen situaciones en las que tal vez, es mejor no pensar demasiado puesto que en caso de hacerlo nunca darías el salto a la acción. Así sucede, por ejemplo, cuando te enamoras. Puedes plantearte en tu mente tantas opciones en relación también con el rechazo o con el fracaso, que esas ideas te desmotivan a la hora de dar el paso de declarar tu amor.

Pensar es positivo porque te ayuda a vivir de una forma más consciente. Pero especialmente, es positivo aprender a pensar antes de hablar. Lo cierto es que a lo largo del día llegamos a pronunciar tantas palabras, tenemos tantos diálogos y conversaciones que nos es imposible cuantificarlas. De hecho, hoy día no sólo nos expresamos de una forma verbal y directa en el cara a cara sino que también lo hacemos a través del teléfono, el correo electrónico, un mensaje de texto o una carta.

Pensar antes de hablar te hace ser más consciente del valor de las palabras. La realidad es que una palabra mal dicha en un momento inadecuado puede herir mucho a la otra persona. En cambio, si aprendes a potenciar las caricias positivas, es decir, los elogios o las palabras de afecto verás cómo también mejora el nivel y la calidad de tus relaciones interpersonales.

Deberás hacer un esfuerzo mayor por pensar antes de hablar en un momento de ira en donde muchas veces llegas a decir cosas que no sientes en realidad movido por el mero despecho o resentimiento. Cuenta hasta diez o hasta veinte si hace falta antes de decir una palabra.

Los pensamientos van más rápido que las palabras, pero para evitar arrepentirnos de lo que decimos es mejor pensar antes de hablar y no acelerarnos a expresar lo que pretende el corazón antes de la razón, aprendiendo a estar cómodos con el silencio, educando nuestra mente a la calma y la oportunidad.

Cuando escuchamos pausadamente nuestros pensamientos, podemos dar respuestas más elaboradas y sensatas, porque estamos conscientes y atentos para captar la información que queremos dar. En ese espacio de reserva, está nuestro poder para elegir nuestro argumento.

No debemos buscar tener siempre la razón, ni debemos desgastarnos en convencer a los demás de que decimos la verdad, solo el tiempo y las acciones lo logran en el momento preciso. Nuestro deber es razonar, para saber si es mejor callar, antes de hablar. Incluso, muchas veces la ausencia de palabras deja más sentido a la conversación, utilizando la prudencia ante la discusión, valorando el verdadero poder de la elocuencia, pudiendo estar más abiertos con la mente y el corazón, a conocer lo que otros cavilan, mientras se usa la reflexión.

Muy distinto es, decir todo lo que se piensa a pensar todo lo que se dice. Aunque parezca fácil, es una tarea muy complicada, porque como seres humanos, tratamos constantemente de defender nuestro punto de vista, desconectando muchas veces las palabras de nuestros pensamientos. Pero, aplicando la inteligencia, podemos tener la capacidad de decir lo que ideamos sin necesidad de herir a nuestros seres queridos, incluso si nos equivocamos en las palabras dichas de manera serena, nos pueden dejar pasar por alto lo emitido y continuar el diálogo de igual manera.

Manifestemos los aspectos positivos de los demás y de todo lo que nos rodea, evitando cuestionar con facilidad, haciendo comentarios destructivos e hirientes. La comunicación no es nada fácil, porque en el mismo momento en el que se da una información, fácilmente se puede tergiversar el mensaje, según la imagen auditiva que tengamos, por eso respiremos profundo antes de hablar, para no opinar sin conocimiento, porque el poder de la palabra trabaja desde nuestro cerebro, generando un mundo interno de acuerdo a como nosotros lo formemos.


Pensemos antes de hablar, escuchemos nuestros pensamientos positivos, callemos los mensajes desagradables y procedamos en nuestras vidas según como dice Plutarco "Para saber hablar, tres cosas son precisas: saber pensar, saber escuchar y saber callar."

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